En el país del Coronel,
las cosas se hacen a su modo.
Quien nada debe,
todo tiene que temer.
Vaya delirio del Coronel,
terrible sicario de la corrupción.
¿Dónde quedan mis principios,
la justicia y el honor?
Aquí no hay voz ni voto,
no hay ley, no hay orden.
La bandera está hecha de billetes,
su himno es el eco de disparos.
Disparos que callan voces libres,
que oprimen mentes torturadas.
Y no hay quien levante la voz
ante golpes tan altos, incontestables.
Querido Coronel,
déjeme escupir un poco de verdad
a su útopico mundo injusto.
El pez por su boca muere,
y más cuando es tan grande,
como la de usted.
El Coronel ya tiene quien le escriba.
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