Prendí el último cigarro
a altas horas de la madrugada.
Entre películas subidas de tono,
ruido de basura en la calle,
gente dormida,
era mejor no hacer nada.
El humo que exhalaba,
sin sentido alguno,
tomaba la forma
de cada una de las ideas
que mi cabeza formulaba.
Y así me acabé la cajetilla.
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